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jueves, 19 de marzo de 2020

Cuento número 1

La pulsera
Un joyero venía observando ya durante un
tiempo, cómo una niña se detenía delante del
escaparate de su establecimiento y se quedaba
mirando una bonita pulsera de oro. 
Así pasaron varias semanas hasta que, un día, la
niña se decidió a entrar:
-¡Hola! -dijo la pequeña.
-¡Hola! -contestó educadamente el joyero-. ¿En
qué puedo ayudarte?
-¿Me puede usted enseñar esa pulsera que hay
en el escaparate, la dorada?
-Claro que sí -le respondió.
La niña la cogió y comenzaron a temblarle las
manos mientras la acariciaba con sus dedos. En
ese momento el joyero pudo ver cómo unas
lágrimas de emoción brotaban de sus ojos.
-Es que me gustaría regalársela a mi madre,
pues hoy es su cumpleaños y me está ayudando
mucho en mis estudios. Se pasa el día
trabajando, y cuando llega cansada por la tarde
se queda conmigo haciendo los deberes hasta
que consigo entenderlos.
-Sí, seguro que le encantará, es preciosa -le
contestó el joyero.
-¿Cuánto vale? -preguntó la niña.
-¿Cuánto tienes? -le respondió el hombre.
La niña sacó una pequeña bolsa repleta de
monedas y las dejó sobre el mostrador.
-Es que he estado ahorrando durante muchos
meses.
-Bien, veamos qué hay por aquí... -contestó el
joyero mientras contaba el dinero- a ver... ¿no
tienes nada más, pequeña? 
-Bueno, sí, espere... -dijo mientras metía sus
manos en los bolsillos y continuaba sacando
varias monedas más, un pequeño billete
arrugado, un anillo de plástico, un coletero
rosa y dos caramelos de fresa. 
-A ver... creo que sí, creo que con esto será
suficiente -le respondió el joyero mientras
recogía todo lo que la niña había dejado en el
mostrador- ¿Quieres que te la envuelva para
regalo?
-¡Sí, sí! -exclamó la niña ilusionada.
Tras unos minutos, el joyero le dio el paquete
y la pequeña se llevó la joya.
A la mañana siguiente, la madre de la niña se
presentó en el establecimiento con la pulsera
en su estuche.
-Hola -saludó nada más entrar.
-Hola -le saludó también el joyero-, ¿en qué
puedo ayudarle?
-Verá, es que ayer por la tarde, mi hija me
regaló esta pulsera para mi cumpleaños y me
dijo que la había comprado aquí.
-Sí, así es -contestó el joyero mientras la
observaba-, yo mismo se la vendí.
-Pero... pero creo que debe haber un error
porque... esta pulsera es de oro, ¿verdad?
-Sí, por supuesto, aquí solo vendemos
productos de primera calidad.
-Entonces no lo entiendo, mi hija jamás podría
pagar una joya así, no tiene tanto dinero,
¿cuánto le ha costado?
-Verá -le contestó seriamente el joyero-, en este
establecimiento tenemos por costumbre
mantener la confidencialidad de nuestros
clientes, así que, sintiéndolo mucho, no puedo
darle esa información.
-Pero... -protestó la madre.
-Lo que sí puedo decirle es que su hija pagó
por esta pulsera el precio más alto que puede
pagar una persona.
-¿Qué quiere decir? -contestó la madre
preocupada.
-Su hija me dio todo lo que tenía.
* * *

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